miércoles, 22 de julio de 2015

¿Qué estamos dejando atrás?

    Al paso del tiempo son muchas las personas que en la vida vamos conociendo, bien sea en nuestros entornos sociales, como el trabajo, comunidad o escuela. Unas muy pocas de ellas capaces de apreciarnos en silencio, con constantes demostraciones de admiración y respeto por lo que eres, haces y te identifica como persona. Dispuestos a apoyarte y estar a tu lado en las subidas o bajadas que Dios en la vida tenga preparadas para ti. 

    Esta clase de personas no las encontramos en todo lugar o en todo momento. Afortunados somos cuando alguien así encontramos, justo una persona capaz de demostrarte de distintas formas lo especial que eres, que se arriesgue por ti o incluso te elija a ti un millón de veces sobre cualquier otra, es lo que buscaremos cuando decidamos asentar cabeza. De hecho, es esa la persona que más atención de nuestra parte debería obtener.

    Sin embargo, son casi nulas las veces que nos damos cuenta que alguien así a nuestro lado tenemos, mayormente luego de perderlas, o luego de un tiempo sin ellas a nuestro lado, es cuando entendemos lo importante que pudieron haber sido, incluso lo bonito o especial que pudo haber sido una historia junto a ellos. Aun así lamentarse no servirá de nada, no si al menos la oportunidad no está del todo perdida. 

    Lo patético de la situación es como desvaloramos todo lo que estas personas hacen—muchas veces por aún no notarlo— por darle nuestra atención a otra que recién llega, que posiblemente jamás nos aprecie con los mismos ojos que los otros. De hecho, justo cuando nos decepcionamos de esa experiencia que se acaba de vivir, es cuando empezamos a querer—estúpidamente— conocer a alguien que nos aprecie como apreciábamos a esta otra que nos ha dejado rotos, pero ya la conocíamos y no valoramos.

    Es por ello que es necesario ser atentos y sensibles a cada detalle, a cada cosa, por más pequeña que sea. Entender que más vale quien te haga sentir único y valorado. Aprender a valorar a las personas por cómo sabe antes de por cómo se vea. Arriesgarse por quien realmente valga el intento. Además de hacer lo necesario por tratar de corregir lo que por falta de atención has arruinado. Pero sobre todo, a preguntarnos primero ¿Qué estamos dejando atrás?