jueves, 18 de junio de 2015

¿De qué nos quejamos?

No es un secreto que todos tenemos nuestras propias inseguridades, pues claro está que los jóvenes actualmente vivimos en un mundo superficial, donde regularmente te valoran por cómo vistes o cómo te veas físicamente. Podemos ser destructivos y fríos con muchas personas que pueden incluso enseñarnos las cosas más esenciales de la vida, pero simplemente no le tomamos en cuenta por no estar en nuestro margen de superficialidad.

Aun así, no sólo somos destructivos con los demás, sino también con nosotros mismos. Llegamos a acomplejarnos de tantas formas sólo por no tener un cuerpo agradable a la vista de los demás, pero, ¿realmente eso importa? ¿Es necesario tener un buen físico para ser considerados bonitos? Existen personas que han llevado las peores batallas, donde han perdido alguna extremidad o cargan con la marca de su lucha con el cáncer en la pérdida de un seno, por ejemplo. Mientras nosotros vivimos preocupando por el qué dirán los demás. Existen tantas personas luchando simplemente por otro día más de vida mientras tú lo derrochas siendo destructivo en la sociedad.

Esta situación de superficialidad se ve reflejada en muchos ámbitos, aunque es necesario destacar que el ser humano desde que tiene uso de razón, ha tenido esa cualidad de avaricia cuando se trata de querer ser más y tener más que los demás, siendo honestos con nosotros mismos, sabemos que queremos todo lo que consideramos “mejor”, como; la mejor ropa, el mejor accesorio, el teléfono del momento, entre otros Tanto así que existen quienes llegan al punto de enfadarse con sus padres cuando no pueden cumplir con sus deseos caprichosos. 

Nos hemos acostumbrado demasiado por lo material y lo superficial, mientras nos olvidamos por completo de lo que realmente merece nuestra atención. Tantos pequeños detalles que nos brinda la vida a diario y no los notamos por estar alimentando nuestras vanidades como humanos. ¿Alguna vez se han preguntado si merece tanto aprecio querer ser así? Es triste ver como muchos se creen algo que siquiera son, no hay peor cosa que no ser lo que realmente eres, pues es entendible que nos guste vernos bien, pero de eso a querer ser la próxima Kardashian está algo fuera de órbita. 

Existen diversas comunidades tan cerca de nosotros mismos que no tienen si quiera que comer, cuando nosotros vivimos a dieta para eliminar unos cuantos kilos que consideramos están demás. Muchos andan sin nada que ponerse en los pies, mientras unos les pelean a sus padres por haberles comprado un calzado Adidas cuando lo que querían eran unos Nikes. Algunos dirán que no es su problema que estas personas pasen por esas situaciones, volviéndose insensibles ante ellas, en lugar de regalar un poco de todas esas bendiciones que gracias a Dios han podido tener.

Con esto no vengo sólo a juzgar a los demás por la vida que quieran tener, cada quien es libre de llevar la vida que quiera, sólo quiero concientizar a quien me lo permita, así como me lo he permitido yo, pues a veces suelo ser ese típico adolescente superficial, pero creo que en algún punto te decepcionas al ver cómo pierdes años de tu vida siendo alguien tan insensible, mientras vivimos quejándonos de cosas realmente insignificantes cuando conocemos la historia de los demás.

Existen tantos niños llevando la peor batalla en sus hombros, sin haberlo elegido jamás, niños deseando unos años más de vida, aun cuando siquiera pueden llevar una vida normal. Tantas personas mayores desoladas en lugares donde nadie les recuerda, sin nadie nuevo quien les cuente una historia bonita, o les brinde algo de alegría a su vida. Tantos marginados en las calles sin un hogar donde regresar, sin una cama donde dormir, mientras nos quejamos del lugar donde vivimos por cosas realmente sin sentidos. Somos tan insensibles que no nos importa incluso dañar un espacio necesario para la vida cuando ya hay tantos que ni vida tienen. 

Sólo quiero con esto que pensemos un poco más, es hora de que dejemos de pensar que ser humilde consiste en creer o decirte a ti mismo que lo eres. Ser humilde es no necesitar intentar ser quien no eres solo para encajar entre los demás, va de la mano en querer ser una mejor persona, no en lo superficial sino en lo espiritual, ser agradecido ante todo y tener sensibilidad para con los demás. Recordar que Dios es lo único que realmente necesitamos en nuestra vida y que lo demás son sólo bendiciones que Él permite que tengamos. Es hora de ayudar y sentirnos necesarios. Aprendamos a vivir con lo que tenemos, y seamos buenos con quienes tienen menos que nosotros. Algunas veces una simple sonrisa o un abrazo sincero pueden ser el mejor regalo para una persona. Seamos consiente de lo que tenemos y lo afortunado que somos por ello.